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Los pulpos podrían ser los animales más inteligentes del océano — y lo que esto significa para nuestra relación con ellos

En 2021 los investigadores de la Universidad de Columbia filmaron algo que nunca habían visto antes en la naturaleza: un pulpo dormido cuya piel cambiaba de color rápidamente — pasando por patrones de camuflaje complejos mientras permanecía completamente inmóvil.

La explicación más probable que los científicos han podido formular es que el pulpo estaba soñando.

Si eso es correcto — y la evidencia apunta fuertemente en esa dirección — significa que los pulpos tienen experiencias subjetivas durante el sueño. Que hay algo que se siente como ser un pulpo dormido.

Y eso cambia fundamentalmente cómo deberíamos pensar en ellos.


Un cerebro que evolucionó de forma completamente diferente al nuestro

Lo que hace al pulpo fascinante desde el punto de vista científico no es solo que sea inteligente — es que su inteligencia evolucionó de forma completamente independiente a la de los vertebrados.

El último ancestro común entre los humanos y los pulpos vivió hace más de 600 millones de años — era un gusano plano sin cerebro centralizado. Desde entonces, la inteligencia compleja evolucionó al menos dos veces de forma independiente: una vez en la línea de los vertebrados, que nos incluye a nosotros, y otra en la línea de los cefalópodos, que incluye a los pulpos.

El resultado es un tipo de inteligencia radicalmente diferente a la nuestra en su arquitectura pero comparable en algunas de sus capacidades.

Un pulpo tiene aproximadamente 500 millones de neuronas — comparable al número de un perro. Pero el 60% de esas neuronas no están en su cerebro centralizado sino distribuidas en sus ocho brazos, cada uno de los cuales puede actuar con cierto grado de autonomía. Es como si cada brazo tuviera su propio «mini-cerebro».

Según investigaciones del Marine Biological Laboratory de Woods Hole, esta arquitectura neurológica distribuida permite al pulpo procesar información de su entorno de formas que los cerebros centralizados no pueden replicar.


Las capacidades que dejaron a los científicos sin palabras

Uso de herramientas

Durante décadas se pensó que el uso de herramientas era exclusivo de los primates y algunas aves. En 2009 investigadores del Victoria Museum of Australia publicaron en Current Biology el primer caso documentado de un invertebrado usando herramientas: pulpos de la especie Amphioctopus marginatus recogiendo mitades de cáscaras de coco del fondo marino, transportándolas distancias significativas y usándolas para construir refugios portátiles.

No solo las usaban — las transportaban para uso futuro. Eso requiere planificación, no solo reacción al entorno inmediato.

Resolución de problemas complejos

Los pulpos en acuarios de todo el mundo son famosos entre los cuidadores por su capacidad para escapar de sus tanques, resolver puzles para obtener comida y abrir recipientes con tapas de rosca — algunos en menos de un minuto la primera vez que los ven.

El Seattle Aquarium documentó un caso donde un pulpo aprendió a apagar las luces de su tanque de forma repetida salpicando agua sobre las lámparas — supuestamente porque la luz le molestaba. El acuario tuvo que reubicar las lámparas.

Personalidades individuales

Cada pulpo tiene una personalidad distinta — algunos son tímidos, otros curiosos, otros agresivos, otros juguetones. Los cuidadores de acuarios lo reportan universalmente y los estudios científicos lo han confirmado formalmente.

Un estudio del Seattle Aquarium publicado en el Journal of Comparative Psychology evaluó la personalidad de 44 pulpos a lo largo de varios meses y encontró diferencias individuales estables y consistentes en reactividad, actividad y respuesta a situaciones nuevas — los mismos parámetros usados para estudiar la personalidad en mamíferos.

Juego

El juego — comportamiento exploratorio sin propósito de supervivencia inmediata — es uno de los indicadores más confiables de complejidad cognitiva en el reino animal.

Los pulpos juegan. Investigadores del National Aquarium de Baltimore observaron pulpos interactuando repetidamente con objetos sin propósito funcional — rebotando píldoras en la corriente de agua de sus tanques y «atrapándolas» una y otra vez. El comportamiento no tenía ninguna función de alimentación o supervivencia. Era juego puro.


El sistema nervioso que siente dolor

La Declaración de Cambridge sobre la Conciencia de 2012 incluyó específicamente a los cefalópodos — pulpos, calamares y sepias — en la lista de animales con sustratos neurológicos suficientes para generar estados de conciencia y experiencia subjetiva.

El Reino Unido, basándose en esta y otras investigaciones, incluyó a los cefalópodos en su legislación de bienestar animal — la Animal Welfare Act — reconociendo formalmente su capacidad de sentir dolor y sufrimiento.

Esto significa que en el Reino Unido los pulpos tienen protección legal basada en su estatus de seres sintientes. Una decisión legislativa sin precedentes para un invertebrado.


Lo que esto significa para nuestra relación con ellos

La industria pesquera captura y mata aproximadamente 3 millones de toneladas de cefalópodos cada año, según datos de la FAO. La mayoría mediante métodos que no contemplan ninguna consideración de bienestar animal — porque durante décadas la ciencia no había confirmado formalmente su capacidad de sufrir.

Esa justificación ya no existe.

No se trata de un argumento sobre si los pulpos son tan inteligentes como los humanos — no lo son. Se trata de si tienen capacidad de experiencia subjetiva, incluyendo el dolor y el miedo. Y la evidencia científica dice que sí.

El filósofo Peter Singer, cuyo trabajo sobre ética animal ha influenciado debates científicos y legislativos en todo el mundo, argumenta que la capacidad de sufrir — no la inteligencia — es el criterio moralmente relevante para determinar si un ser merece consideración ética.

Bajo ese criterio los pulpos califican claramente.


La próxima frontera de la conciencia animal

El caso del pulpo es parte de una transformación más amplia en cómo la ciencia entiende la conciencia y la experiencia subjetiva en el reino animal.

Durante siglos asumimos que la conciencia era exclusivamente humana, luego la extendimos a los grandes simios, luego a todos los mamíferos, luego a las aves. Cada vez que expandimos el círculo de consideración moral encontramos que el universo de seres que merecen ser tratados con respeto es más grande de lo que pensábamos.

Los pulpos son el recordatorio más reciente de que la pregunta no es qué animales son lo suficientemente similares a nosotros para merecer consideración — sino qué animales tienen experiencias subjetivas que vale la pena proteger.

Y la respuesta, cada vez que la ciencia profundiza, resulta ser: más de los que imaginábamos.

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